Prueba de su Existencia
Prueba de su Existencia y de su Inexistencia
Por
supuesto que para los efectos de este libro: ¡Jesús tuvo que haber existido! La
existencia de Jesús nos da la oportunidad para publicar nuestra obra; de lo
contrario: ¿qué sentido tendría? Sin embargo, no estamos totalmente seguros de
la existencia de al menos uno —o de varios— de los “jesuses” que leemos
en las Sagradas Escrituras: ¡porque son varios!
Por otro lado, no ponemos en duda la existencia de uno de “ellos”, del que llamamos “El Jesús Histórico”, un diminuto personaje que, por su extravagancia, pudo haber dado pie a la inspiración de ilusos o, incluso, de villanos escritores, teólogos, políticos o “sacerdotes”, quienes han logrado “salir del pozo” (beneficiarse) gracias al personaje que hemos llamado “El Jesús Bíblico”, con la finalidad de crear iglesias, corrientes religiosas, escribir guiones cinematográficos, novelas, publicar biblias, fortalecer imperios… ¡y paremos de contar! Bueno. Gracias a ese “fenómeno”, nosotros también estamos dándole “palos a la piñata”.
De aquí a dos mil años, cualquiera que visite una biblioteca, hemeroteca o filmoteca podrá comprobar que existió un personaje llamado Charles Chaplin o conocer el drama de las Torres Gemelas del World Trade Center de Nueva York. A pesar de las cataratas de escritos, libros, grabaciones, películas y videos sobre Jesús de Nazaret, no podríamos estar seguros, más allá de toda duda, de que “El Jesús Bíblico”, en efecto: ¡haya existido!
Hechos Históricos Sobre
la Evidencia del Jesús Histórico
Desde una perspectiva estrictamente histórica (utilizando los mismos criterios que se aplican a cualquier otra figura de la antigüedad y alejándonos de los argumentos basados en la fe), la certeza absoluta sobre la narrativa de los evangelios no se sostiene con la evidencia disponible.
El Silencio
de Las Fuentes Contemporáneas
Ningún autor que vivió y escribió durante la época en que supuestamente ocurrieron los milagros y la crucifixión menciona a Jesús: ¡ninguno!
Filón de Alejandría (aprox. 20 a.C. - 50 d.C.), un filósofo judío que documentó profusamente los movimientos religiosos y figuras mesiánicas de la región: ¡nunca lo mencionó! ¿Por qué?
Séneca el Joven (filósofo romano) y Plinio el Viejo (naturalista) tampoco hicieron referencia alguna del personaje.
Justo de Tiberíades, un historiador judío nacido y criado en la misma región de Galilea donde se sitúa el ministerio de Jesús, no dejó constancia de su existencia (según confirmó en el siglo IX el patriarca Focio tras revisar su obra perdida).
Contradicción
Los evangelios afirman que Jesús atraía a multitudes masivas y que sus actos eran de conocimiento público, por lo que este silencio contemporáneo resulta difícil de explicar bajo esos parámetros.
El 28 de agosto de 1963 (d.C.), Martin LutherKing Jr. dio su famoso discurso en Washington – “I have a Dream” (Tengo un Sueño) – donde asistieron unas 250.000 personas. El evento tuvo lugar en los escalones del Monumento a Lincoln durante la histórica "Marcha sobre Washington por elTrabajo y la Libertad". Ese discurso está plenamente cubierto por la prensa del momento. Sin embargo, de las multitudes de Jesús no hay absolutamente nada escrito, salvo lo que nos cuentan los evangelistas, que sabemos no eran muy certeros a la hora de plasmar los eventos objetivamente.
El Testimonio y El Silencio de Pablo
Las cartas del “apóstol” Pablo (escritas en la década de los 50 d.C.) son los documentos cristianos más antiguos que se conservan, redactados unos 20 o 30 años antes que el primer evangelio. Sin embargo, Pablo —quien afirma haber basado su ministerio en una “visión” ¿? y no en un encuentro físico— casi no menciona detalles de la vida terrenal de Jesús. No cita sus sermones, ni su famoso Sermón de la Montaña, ni el Padre Nuestro («Pater Noster»), ni las parábolas; se enfoca casi exclusivamente en la teología de la resurrección y la salvación y en todos los elementos que lo ayudaban a crear iglesias por todas partes.
La Fecha Tardía
del Primer Evangelio
El Evangelio de Marcos es universalmente reconocido por la academia como el más antiguo, escrito alrededor del año 70 d.C. (40 años después de la crucifixión). El autor no fue un testigo ocular; escribió en griego para una audiencia no-palestina y muestra imprecisiones sobre la geografía local y las costumbres judías. Es más que sabido que cuatro décadas de transmisión oral propician alteraciones en los relatos. Lo que nos dice un presidente hoy, al día siguiente cambia de significado o el propio jefe de Estado alega no haberlo dicho, o no haberlo dicho en esos “contextos”. De hecho, los manuscritos más antiguos de Marcos terminan abruptamente sin las apariciones de Jesús resucitado; estas fueron añadidas por copistas posteriores.
La Interdependencia de
Los Evangelios Sinópticos
Mateo y Lucas no son testigos independientes que narran
los hechos por separado. El análisis textual demuestra que copiaron
directamente de Marcos (Mateo reproduce cerca del 90% del contenido de Marcos y
Lucas alrededor del 50%, a menudo palabra por palabra en griego). Por lo tanto, no representan múltiples
testimonios independientes, sino adaptaciones editoriales de una misma fuente.
Las Contradicciones Fundamentales
Entre los Relatos
Los textos divergen en aspectos estructurales, no solo en detalles menores:
Genealogías – Mateo y Lucas trazan la ascendencia de José (quien supuestamente no era el padre biológico de Jesús) por líneas completamente distintas (uno a través de Salomón y otro a través de Natán). El grave problema, como veremos más adelante, es que ni Salomon ni Natán existieron. Fueron personajes de la mitología judía o judaica.
Nacimiento – En Mateo, la familia vive originalmente en Belén y se muda a Nazaret por seguridad tras huir a Egipto. En Lucas, viven desde el principio en Nazaret y viajan a Belén solo temporalmente por un censo, regresando directamente a su hogar. En Wikipedia no están seguros de dónde nació, verdaderamente, Jesús de Nazaret.
Muerte – En Marcos, Jesús permanece mayormente en silencio durante su juicio y muere clamando desesperado; en Juan, dialoga teológicamente con Pilato y declara con calma: "Consumado es". Curiosamente, ni los evangelistas ni los responsables de “canonizar” los textos bíblicos, no se pusieron de acuerdo.
El Compromiso de las Fuentes Judías
El historiador judío Flavio Josefo (escribiendo hacia 93-94 d.C.) es la fuente externa más citada para “demostrar” que un tal Jesús existió. No obstante, la mención principal (el Testimonium Flavianum) muestra claras alteraciones e interpolaciones hechas por copistas cristianos posteriores. Siendo Josefo un judío practicante, es históricamente inverosímil que hubiera escrito textualmente que Jesús "era el Cristo" (el ungido: ¡el Mesías!) o que "resucitó al tercer día". Josefo nació en una familia judía sacerdotal aristocrática, lo que por lógica lo vinculaba al entorno teológico-social de los saduceos y los saduceos: ¡no creían en la resurrección de los muertos!
Contrariamente a lo que mucho se ha dicho o escrito, Flavio Josefo no fue contemporáneo estricto de Jesús, ya que no coincidieron vivos en el tiempo. Jesús de Nazaret fue crucificado aproximadamente en el año 30 o 33 d.C., mientras que Flavio Josefo nació en el año 37 d.C. en Jerusalén. Esto significa que Josefo nació unos cuatro años después de la supuesta muerte de Jesús y comenzó a escribir del personaje unos 60 años después de su muerte: ¡saquen Uds. sus respectivas conclusiones!
El 20 de abril de 2025, el fundamentalista cristiano CharlieKirk, participó en un programa de TV del judío ateo, Bill Maher, y le aseguró que su creencia en la existencia de Jesús se basaba, principalmente, en los escritos de Flavio Josefo. El 10 de septiembre de aquel mismo año (2025 d.C.), menos de 6 meses más tarde, Kirk fue asesinado muriendo sin estar seguro, objetivamente, si el Jesús en el que él creía había existido o no.
El Alcance de las Fuentes Romanas
El actual presidente estadounidense (2026 d.C.) - Donald Trump - es famoso por sus contradicciones. En apenas UNOS DÍAS del mes de marzo de 2026, no estaba claro cuáles eran las intenciones del presidente ni la política de la Casa Blanca con respecto a la Guerra de Irán. Ya se pueden Uds. imaginar la veracidad de una crónica del siglo II de lo que sucedió en Palestina en el siglo I.
Autores como Tácito (hacia 116 d.C.) y “Plinio El Joven”
(hacia 112 d.C.) mencionan a los cristianos y sus creencias. Sin embargo, al escribir a inicios del siglo
II, lo que hacen es constatar la existencia del movimiento cristiano y
documentar lo que estos grupos creían, basándose probablemente en los
testimonios de los propios miembros de la iglesia de la época, en lugar de
certificar registros oficiales del Estado romano de la época de Tiberio. Sin embargo, millones de fundamentalistas cristianos, a lo largo de los siglos, han venido dando por ciertas las crónicas que sobre el cristianismo se han publicado, extemporáneamente, en torno a supuestos o posibles eventos de épocas primitivas.
La Naturaleza Hipotética de la Fuente Q
La "Fuente Q" (del alemán Quelle, que significa "fuente") es el nombre que los teólogos dan a una colección hipotética de dichos y enseñanzas de Jesús que se cree que existió en los inicios del cristianismo. Para explicar los textos comunes entre Mateo y Lucas que no provienen de Marcos, la erudición bíblica postula la existencia de esa fuente común de dichos llamada "Documento o Fuente Q". A pesar de ser una teoría central en los seminarios, jamás se ha encontrado un solo fragmento o manuscrito de este documento o “fuente”; sigue siendo puramente hipotético.
El Uso de Plantillas y
Mitos Preexistentes
Conceptos narrativos centrales del relato evangélico como el nacimiento de una virgen por intervención divina; la figura de deidades que mueren y resucitan (como Osiris, Atis o Dioniso); los obradores de milagros y la designación de "Hijo de Dios" (usada frecuentemente por los emperadores romanos como Augusto) eran arquetipos y motivos culturales muy comunes y difundidos en el entorno del Mediterráneo antiguo.
Dios mitológico que se respetase tenía que nacer de la
unión de un padre divino (¿celestial?) en una madre mortal (preferiblemente “virgen”),
morir, resucitar y ser elevado al “panteón de los dioses”: ¿a la SantísimaTrinidad?
La Escasa Evidencia Arqueológica
de Nazaret
Nazaret no es mencionada en el Antiguo Testamento, ni por Josefo, ni en las listas de ciudades del Talmud. La evidencia arqueológica actual sugiere que en el siglo I era un asentamiento sumamente precario y diminuto, una aldea de unas pocas familias, lo que contrasta con la imagen de una localidad con el tipo de sinagoga e infraestructura que describen algunos pasajes evangélicos.
La Figura de Baruch Spinoza
y el Nacimiento del “Método Crítico”
Spinoza propuso analizar los textos sagrados con el mismo método crítico e histórico que se aplicaría a cualquier otra obra de la antigüedad humana, despojándose de dogmas previos o asunciones de infalibilidad divina. Spinoza notó las inconsistencias, las huellas de múltiples autores y las ediciones humanas en los textos: ¡notó la intención!
Debido a su posición, a los 23 años (en 1656), la sinagoga de Ámsterdam le impuso el cherem (un severo decreto de excomunión y maldición formal). Su familia rompió vínculos con él, sus libros fueron prohibidos en toda Europa e incluso sufrió un intento de apuñalamiento.
Spinoza pasó el resto de su vida en la pobreza, puliendo lentes para sobrevivir —actividad cuyo polvo de vidrio dañó irreversiblemente sus pulmones, causándole la muerte a los 44 años—. Sin embargo, su enfoque inauguró la crítica histórica de La Biblia, la misma metodología científica que hoy utilizan los historiadores y se imparte en las cátedras de teologías de las universidades, a lo largo y ancho del mundo.
Rechazar la certeza dogmática no conduce al desespero, sino a la libertad intelectual y a la honestidad (lo que Spinoza llamaba el "amor intelectual a Dios" o la comprensión de la totalidad de la naturaleza a través de la razón), permitiendo al ser humano construir propósitos y valores basados en realidades verificables: ¡no en dogmas impuestos por religiones!
¿Existió Dios?
Si determinar la existencia de Jesús es complicado, determinar la existencia de del "dios bíblico": ¡es imposible!
Esta es, sin duda, una de las preguntas más profundas y persistentes de la historia del pensamiento humano. Para responder con honestidad y rigor, como lo haría un buen investigador o el propio Spinoza, debemos dividir la respuesta en dos realidades: desde la demostración científica estricta, la respuesta es NO; desde la argumentación filosófica y lógica, la respuesta es que depende de cómo definamos a "Dios".
La ciencia se limita al estudio del universo observable y medible mediante el método empírico. Como una entidad creadora trascendente estaría, por definición, fuera del tejido del espacio y del tiempo, no es un objeto que la ciencia pueda meter en un laboratorio para confirmar o refutar.
Sin embargo, la filosofía ha desarrollado a lo largo de los siglos tres grandes vías o metodologías para intentar abordar esta existencia. A continuación, presentamos los enfoques principales.
Las Vías de la Lógica y la Filosofía Clásica
Estas metodologías no buscan una "fotografía" de Dios, sino demostrar que su existencia es una necesidad lógica para que el universo tenga sentido.
• El Argumento Cosmológico (La Causa Primera) – Popularizado por pensadores como Tomás de Aquino. Sostiene que todo lo que existe en el universo físico tiene una “causa”.
La "Causa y Efecto" (o principio de causalidad) es el concepto fundamental que establece que todo acontecimiento o cambio en la realidad (efecto) es el resultado directo de una acción o fenómeno previo (causa). Si rastreamos la cadena de causas hacia atrás en el tiempo, no podemos tener una regresión infinita de fichas de dominó cayendo. Por lo tanto, debe existir una “Causa Primera” no causada, un motor inicial que comenzó todo: al que se le denomina Dios.
• El Argumento Teleológico (El Diseño Inteligente) – Observa el orden, las leyes de la física y la increíble complejidad del cosmos y de la vida (por ejemplo, el ajuste fino de las constantes universales que permiten la existencia de átomos y biología). Argumenta que, así como un reloj implica la existencia de un relojero, la precisión del universo implica una Mente Ordenadora.
• El Argumento Ontológico – Propuesto por SanAnselmo y analizado por Descartes. Es un ejercicio puramente mental: define a
Dios como "el ser más perfecto que puede ser imaginado". Si ese ser perfecto solo existiera en nuestra
mente, le faltaría una perfección: la existencia real. Por lo tanto, para ser verdaderamente el ser
más perfecto: ¡tiene que existir en la realidad!
El Enfoque de Spinoza
Si vinculamos esto con el pensamiento de Baruch Spinoza, la perspectiva cambia por completo. Spinoza demostró que la existencia de Dios no solo es posible de determinar, sino que es evidente, pero bajo una definición radicalmente distinta a la teológica:
Deus sive Natura
"Dios o la Naturaleza".
Para Spinoza, Dios no es un rey sentado en un trono celestial que hace milagros, se enoja o tiene un plan personal para cada ser humano. Eso, para él, era una proyección de la imaginación humana. Para demostrar a Dios, Spinoza argumentaba:
1. Existe una única sustancia infinita, eterna y auto causada que compone absolutamente todo lo que es real.
2. El universo entero, con sus leyes físicas, sus estrellas, la mente humana y la materia, son "atributos" o manifestaciones de esa única sustancia.
3. Por lo tanto, el universo y Dios son la misma cosa.
¿Cómo se determina la existencia de este Dios
spinoziano? Es un tanto complicado,
lo aceptamos, sin embargo, no es a
través de la fe, las escrituras o el misticismo: sino a través de la razón y el
estudio científico de las leyes de la naturaleza. Cada vez que comprendemos
cómo funciona la física, la astronomía o la biología, estamos conociendo,
entendiendo y determinando a Dios.
Dios, Spinoza: ¡y Einstein!
Albert Einstein creía explícitamente en “El Dios deSpinoza”. De hecho, él mismo lo confirmó de forma pública y por escrito, convirtiendo esta declaración en una de sus posturas filosóficas más famosas.
El momento histórico más claro ocurrió el 24 de abril de 1929. Ante las acusaciones de algunos líderes religiosos que tildaban sus teorías científicas de "ateísmo", el influyente rabino de Nueva York, Herbert S. Goldstein, le envió un telegrama urgente con una pregunta directa: "¿Cree usted en Dios?”, a lo que Einstein respondió de manera contundente con un breve mensaje en alemán: "Creo en el Dios de Spinoza, que se revela en la armonía ordenada de todo lo que existe, no en un Dios que se preocupa por el destino y las acciones de los seres humanos". (“Ich glaube an Spinozas Gott, der sich in der geordneten Harmonie alles Existierenden offenbart, nicht an einen Gott, der sich um das Schicksal und die Taten der Menschen kümmert”.)
La visión espiritual de Einstein, fuertemente inspirada en Baruch Spinoza, se basaba en tres puntos fundamentales:
1. El rechazo a un Dios personal
Al igual que Spinoza, Einstein consideraba ingenua la idea de un Dios antropomórfico (con forma humana) que actúa como un juez celestial. No creía en un Dios que escucha oraciones individuales, que concede milagros alterando las leyes de la física, o que castiga el pecado y premia las buenas acciones en un más allá. Para él, la moral y la ética eran responsabilidades estrictamente humanas, no mandatos divinos.
2. El sentimiento religioso cósmico (Panteísmo)
Para Einstein, la religión no consistía en dogmas ni rituales, sino en un profundo sentimiento de asombro y reverencia ante la inmensidad, complejidad y belleza del universo. Consideraba que el orden matemático y la perfecta armonía de las leyes de la naturaleza —las cuales la ciencia intenta descubrir— eran la manifestación misma de lo divino. En sus propias palabras, este asombro ante la estructura del cosmos era la "religiosidad cósmica".
3. "No soy un ateo"
A pesar de rechazar las religiones tradicionales, Einstein siempre se distanció del ateísmo militante. Explicaba que la mente humana, incluso la más brillante, es como la de un niño pequeño que entra en una gigantesca biblioteca llena de libros en muchos idiomas: sabe que alguien debió escribir esos libros y nota un orden en su clasificación, pero no logra comprender del todo cómo se hizo. Ese reconocimiento humilde de una inteligencia superior reflejada en las leyes del universo era su definición de Dios.
Particularmente no nos sentimos competentes para contrariar a Einstein, aunque no negamos la existencia de algunos de nuestros lectores que sí pudieran hacerlo. Según los entendidos en la psicología, Albert Einstein debió haber tenido un cocienteintelectual de unos 160 puntos, a pesar de que él mismo jamás se sometió a la prueba, por no creer en ella. Un individuo con un cociente intelectual de 130 o más: ¡es considerado un genio! Mal podríamos nosotros refutar el “criterio teológico” de uno de los grandes genios de la humanidad.
¿Cuántos “dioses” Existen?
La respuesta a esa difícil pregunta no se limita a un número, sino que es un reflejo del mapa cultural, histórico y filosófico de la humanidad. Dependiendo de a quién le preguntemos, la respuesta cambia por completo.
• Para el monoteísmo (como el cristianismo ¿?, el judaísmo o el islam) – Existe uno solo. Un Dios único, trascendente y creador de todo lo visible e invisible, aunque en el cristianismo tenemos – ¿dioses menores? – como los santos, ángeles y “vírgenes”: deidades heredades del mitraísmo con poderes similares a sus dioses.
• Para el politeísmo (como el hinduismo clásico, la antigua Grecia o Egipto) – Existen muchos, miles o incluso “millones” de divinidades que personifican distintas fuerzas de la naturaleza, virtudes o aspectos de la experiencia humana.
• Para el panteísmo (la visión de Spinoza) – Existe uno, pero no como un ser separado del mundo, sino que el universo entero y sus leyes son Dios. Todo lo que existe es parte de esa única sustancia, aunque para el grueso de nosotros sea un concepto tremendamente difícil de entender, de asimilar y de explicar.
• Para el agnosticismo y el ateísmo – La respuesta es ninguno comprobable, o cero, al considerar que las deidades son construcciones humanas para explicar lo desconocido, dar sentido a la existencia o generar esperanza.
La transformación en el judaísmo de un dios tribal, guerrero y plural hacia un monoteísmo absoluto y, finalmente, hacia un Dios de amor: ¡es una de las fascinantes mutaciones culturales de la historia!
El Misterio de Elohim (אֱλֹהִים): ¿Pluralidad o Trinidad?
Elohim es una palabra gramaticalmente plural. La terminación -im en hebreo equivale al plural masculino (como decir "dioses"). Sin embargo, hay una distinción clave entre el uso antiguo de Elohim y el concepto cristiano de la Santísima Trinidad:
• El origen real (Politeísmo/Henoteísmo) – En los textos más antiguos de la Biblia, el plural refleja una realidad histórica: los antiguos israelitas eran henoteístas (creían en la existencia de muchos dioses, pero únicamente adoraban a uno solo). Elohim era originalmente el término para referirse al panteón de los dioses cananeos, presidido por el dios supremo El y su asamblea divina (los hijos de El). Cuando el Génesis dice "Hagamos al hombre a nuestra imagen", la crítica histórica señala que el texto original refleja a un dios hablando con su corte o consejo divino.
• La evolución gramatical (plural de excelencia) – Con el tiempo, a medida que el judaísmo avanzaba hacia el monoteísmo, los escribas utilizaron Elohim como un "plural de majestad o excelencia" (similar al "Nosotros" que usaban los reyes europeos). Aunque la palabra es plural, los verbos que la acompañan casi siempre están en singular (por ejemplo: "Elohim creó [singular] los cielos...").
• La comparación con la Trinidad – Aunque algunos teólogos cristianos posteriores intentaron ver en el plural de Elohim un anuncio oculto de la Santísima Trinidad (tres personas en un solo Dios), los historiadores y eruditos judíos rechazaban esa interpretación. Para el judaísmo, Dios es una unidad absoluta e indivisible (Echad). La Trinidad es un desarrollo teológico posterior (siglo IV d.C.) influenciado por la filosofía griega, ajeno al contexto hebreo original. Claramente que todo esto es un concepto tremendamente difícil y hasta imposible para ser asimilado, entendido y explicado por un “pastor de aldea”.
¿Cuándo aparece Elohim en el panorama judío?
La aparición de Elohim y la redacción de los textos que lo utilizan están perfectamente identificada por la “Hipótesis Documentaria” (la metodología que, como vimos, nació gracias a Spinoza).
En el siglo XIX, los eruditos descubrieron que el Pentateuco (los primeros cinco “libros” de “nuestra” Biblia) no fue escrito por Moisés (como veremos más adelante), sino que es una colcha de retazos de cuatro fuentes distintas. Dos de ellas se definen por el nombre que le dan a Dios:
Hacia los siglos VII y VI a.C. (especialmente durante el Exilio en Babilonia), los sacerdotes fusionaron estas tradiciones. Al unirlas, el dios local y guerrero del sur (Yahveh) y el dios más abstracto del norte (Elohim) se fusionaron en una sola identidad. No crean: ¡es tremendamente difícil de entender!
De un Dios duro y vengativo - ¡a (abbá) un Dios bondadoso!
El carácter de Dios cambió porque cambiaron las necesidades políticas y de supervivencia del pueblo judío:
• El Dios de la Edad de Bronce (duro y celoso) - En una época de guerras tribales despiadadas, un pueblo necesitaba un dios que fuera un general de ejército. El Yahveh primitivo era un dios del desierto, de la tormenta y de la guerra (Yahveh de los Ejércitos). Exigía la destrucción total de los enemigos, era celoso, se enfurecía y castigaba con plagas. No es que fuera "malo", es que reflejaba la dura ley de la supervivencia de su tiempo.
• El giro de los Profetas (Justicia Social) - A partir del siglo VIII a.C., profetas como Isaías, Oseas y Miqueas empezaron a cambiar el discurso. Empezaron a decir que a Dios no le importaban tanto los sacrificios de animales o la sangre de los enemigos, sino el derecho, la justicia, el cuidado de la viuda y del huérfano. Aquí Dios empieza a adquirir un rostro moral y compasivo.
• El Dios de Amor - Esta evolución llega a su punto culminante en el Judaísmo del Segundo Templo y, de manera muy marcada, en el movimiento de Jesús de Nazaret y el Nuevo Testamento, donde Dios es definido directamente como "padre" (abbá) y amor.
El Dios de la Biblia no cambió de parecer; lo que cambió
fue la madurez espiritual y filosófica de los seres humanos que escribían sobre
Él. Pasaron de necesitar un escudo y una espada en el desierto, a buscar un
consuelo ético y universal para el alma: ¿y no sería que fuimos nosotros, “los
terrícolas”, quienes creamos a Dios a nuestras imágenes, semejanzas y NECESIDADES
y no a la inversa?
La Fórmula Matemática: Deus sive Natura
Para Spinoza, Dios no es un señor con barba que vive en el cielo, ni un rey del universo que tiene emociones humanas como el enojo, los celos o la compasión. Spinoza acuñó una frase en latín que lo cambia todo: "Deus sive Natura", que significa: "Dios o la Naturaleza".
Para él, Dios y el universo son exactamente la misma cosa. No existe un "creador" por un lado y una "creación" por el otro. Dios es la sustancia única e infinita que compone todo lo que existe: las estrellas, las leyes de la física, el océano y nuestra mente. Todo son "modos" o expresiones de ese único Dios-Naturaleza. Y lo sabemos: ¡es difícil de masticar, digerir: y entender!
Un Dios sin ego, sin planes y sin milagros
Esta es la parte que más asustó a los teólogos de su época. Al identificar a Dios con la Naturaleza, Spinoza le quitó a la divinidad todas las características humanas (lo que llamamos antropomorfismo).
• No hace milagros – Para Spinoza, las leyes de la naturaleza son perfectas, eternas e inmutables. Un "milagro" (romper una ley física) significaría que Dios está rompiendo sus propias leyes, lo cual es una imperfección lógica. Lo que llamamos milagro es simplemente ignorancia humana (¿o engaño?) ante las leyes de la ciencia.
• No tiene un "plan" – Dios no creó el mundo para el ser humano, ni nos está juzgando, ni premia a los buenos ni castiga a los malos. La Naturaleza simplemente es y opera bajo una necesidad lógica y matemática. El sol no sale para calentarnos: sale por las leyes de la astrofísica. Suena lógico.
• No exige adoración – A este Dios no se le puede pedir favores mediante la oración, porque no tiene un ego que halagar ni una voluntad cambiante. Entonces, preguntarán muchos: ¿a quién le pedimos?
El “Amor Intelectual a Dios” (Amor Intellectualis Dei)
Si Dios no nos escucha, no nos juzga y no hace milagros, ¿tiene sentido la religión o la espiritualidad? Spinoza dice que sí, pero una espiritualidad basada en la razón, no en la fe ciega o el miedo al infierno. Es ahí donde Spinoza perdió seguidores: ¡alguien nos tiene que escuchar!
Spinoza propuso el “Amor Intelectual a Dios”: la profunda epifanía y paz interior que siente un ser humano cuando usa su inteligencia para comprender cómo funciona el universo, el problema es que muchos no tenemos “esa” inteligencia.
Cuando un científico entiende una ecuación de la física,
cuando un biólogo comprende el mapa de una célula, o cuando nosotros
comprendemos el flujo de la historia en nuestro libro: estamos conociendo a
Dios. Ese asombro ante la perfección del cosmos es el verdadero amor a la
divinidad. El gran problema es que no
somos científicos, no entendemos la ecuación de la física, ni somos biólogos
para comprender el mapa de una célula.
Entonces es cuando nos aferramos a las fábulas de los evangelios.
La Vía de la Experiencia Subjetiva
Para muchos pensadores y teólogos orientales y occidentales, Dios no se determina con silogismos lógicos, sino a través de la experiencia mística o interior, algo sumamente difícil de comprender si uno no es filósofo.
Desde este enfoque, la existencia de Dios se "evidencia" en la conciencia humana a través de la vivencia del amor profundo, la intuición de lo sagrado, la meditación o esa sensación de conexión absoluta con el todo. El límite de este método es que es enteramente subjetivo: es una certeza inquebrantable para quien la vive, pero no constituye una prueba transferible para los demás. Un concepto todavía más difícil de entender que el anterior.
Conclusión
Si buscan determinar al Dios de las religiones
tradicionales (un ser personal que interviene en la historia), la filosofía y
la ciencia, les dirán que es una cuestión de fe y de interpretación personal,
pues las pruebas lógicas siempre encuentran contraargumentos (como el problema
de la existencia del mal o el azar evolutivo).
Pero si buscan determinar a Dios bajo el lente de la razón pura, como esa energía, sustancia o conjunto de leyes perfectas que sostienen y dan vida a la totalidad de lo existente: entonces la respuesta es que su existencia se determina observando el tejido mismo de la realidad: ¡y nos quedamos en los mismo!