Quién Fue Jesús de Nazaret

 

¿Quién fue, en realidad, el personaje que conocemos como Jesús de Nazaret? ¿Existió? ¿Dónde nació? ¿Cómo, dónde y por qué murió? ¿Por qué tantas incongruencias sobre él en un mismo libro? ¿En realidad hizo los milagros que se mencionan en La Biblia? ¿Estaba loco? ¿Tenía una “misión terrenal”? ¿Murió por nuestros pecados? ¿Por cuáles pecados? ¿En realidad resucitó físicamente? ¿Dejó descendencia? ¿Tuvo hermanos? ¿Quién fue su padrebiológico? ¿Cuál fue la relación que tuvo con su madre? ¿Cómo era físicamente? ¿Caminó sobre las aguas?

Podríamos escribir una enciclopedia cargada de interrogantes como las que preceden a este párrafo, pero tal vez ninguna de ellas tenga una respuesta que se ajuste a la realidad histórica. Para muchos estudiosos de la teología, Jesús de Nazaret fue un producto de la mitología grecorromana, salpicado de retazos mitológicos tomados prestados de otras historias fabulosas generadas por la invención humana. Otros lo creen de forma textual y exacta, tal y como lo leemos en los cuatro evangelios. Para la mayoría de los creyentes, fue y sigue siendo Dios, o parte de lo que conocemos como “la Santísima Trinidad”. No pocos, sin embargo, lo consideran un personaje histórico que nada tuvo que ver con la narrativa bíblica, al tratarse de una especie de profeta, de monje o de iluminado.

Aunque el judaísmo, el cristianismo y el islam comparten raíces abrahámicas profundas, la figura de Jesús de Nazaret es precisamente uno de los puntos donde los caminos teológicos más se bifurcan.

Para entenderlo de forma sencilla, pasamos de considerarlo un maestro histórico sin relevancia religiosa en el judaísmo, a uno de los profetas más importantes y venerados en el islam.

Para el judaísmo, Jesús fue una figura histórica, no religiosa. Para la religión judía y para la inmensa mayoría de los judíos, Jesús de Nazaret es visto estrictamente como un personaje del pasado que no tiene ningún papel, autoridad ni santidad.

El concepto judío del Mesías (Mashiach) implica a un líder humano, descendiente del rey David, que traerá una era de paz global, reconstruirá el Templo de Jerusalén y reunirá a todos los judíos en la Tierra de Israel. Dado que estas profecías no se cumplieron en su época (ni el mundo cambió radicalmente hacia la paz), el judaísmo no lo reconoce como tal.

El núcleo absoluto del judaísmo es el monoteísmo estricto, reflejado en el Shemá: "El Señor es uno". La idea cristiana de que Dios se encarnó en un hombre, o el concepto de la Santísima Trinidad, son teológicamente incompatibles con el pensamiento judío tradicional.

Hoy en día, muchos historiadores y eruditos judíos lo ven simplemente como un predicador o rabino judío del siglo I que vivió y murió bajo la ocupación romana; alguien cuyas enseñanzas se alineaban con las discusiones de la época, pero cuyo movimiento posterior se apartó por completo de la ley judía (Halajá).

Para el grueso de los musulmanes, sin embargo, Jesús fue un profeta de los más altos honores. En el islam, la situación es radicalmente distinta: Jesús no solo es reconocido, sino que es una de las figuras más respetadas y queridas. En el Corán se le llama Isa (o Isa Al-Masih, que significa Jesús el Mesías) y se le considera uno de los profetas más grandes de la historia de la humanidad, junto a Noé, Abraham, Moisés y Mahoma, personajes mitológicos de la mitología judaica.

El islam acepta plenamente que Jesús nació de la VirgenMaría (Maryam, quien es la única mujer que tiene un capítulo entero con su nombre en el Corán). Para ellos, fue un milagro divino creado por la palabra de Dios.

El Corán narra que Dios le otorgó a Jesús el poder de hacer milagros notables: curar a los ciegos, sanar a los leprosos, resucitar a los muertos e incluso dar vida a pájaros de arcilla soplando sobre ellos.

Los musulmanes creen que Jesús fue y es el Mesías, enviado para guiar a los Hijos de Israel. Sin embargo, rechazan categóricamente que sea el "Hijo de Dios" o que tenga naturaleza divina. Para el islam, Dios (Alá) es único: no engendra ni fue engendrado. Jesús es, para ellos, un ser humano, un siervo y un mensajero de Dios.

El islam enseña que Jesús no fue crucificado ni murió en la cruz. En su lugar, Dios lo ascendió corporalmente a los cielos para salvarlo de sus enemigos.

La escatología islámica (las profecías del fin de los tiempos) sostiene que Jesús regresará a la Tierra antes del Día del Juicio para derrotar al falso mesías (Al-Dajjal), establecer la justicia y reinar en paz.

Jesús Dentro del Cristianismo

Para abordar el cristianismo, nos adentramos en un mapa fascinante. Aunque para el espectador casual "todo el cristianismo se parece", la realidad es que la identidad, la naturaleza y la muerte de Jesús son precisamente las líneas de falla que separan a las grandes iglesias tradicionales de los movimientos que surgieron más recientemente.

Para entenderlo de forma clara, debemos dividir el mapa en dos grandes bloques: el cristianismo histórico/ortodoxo (católicos, protestantes y ortodoxos orientales) y las denominaciones no trinitarias (como los testigos de Jehová y los mormones), que rompieron por completo con los dogmas antiguos.

Estas tres grandes ramas - católicos, protestantes y ortodoxos - suman más del 90% de los cristianos del mundo.  A pesar de sus profundas diferencias políticas y de organización, en lo que respecta a Jesús están completamente de acuerdo debido a los credos de los primeros siglos (como el de Nicea).

Creen en la Santísima Trinidad. Jesús es la segunda persona de la Trinidad: es 100% Dios y 100% hombre, coeterno con el Padre.  No es una creación de Dios; es Dios mismo encarnado.

La crucifixión en una estructura con un travesaño de madera (la forma tradicional de "T" o "+") es un pilar histórico y arqueológico para ellos. La cruz es su símbolo universal. En la cruz murió Jesús.

Los testigos de Jehová, sin embargo, rechazan por completo las decisiones de los concilios de la iglesia primitiva, argumentando que se apartaron de la Biblia original. Su visión de Jesús es única.

Para los testigos de Jehová, Jesús no es Dios Todopoderoso: sino una creación de Dios.  Creen que antes de venir a la Tierra, Jesús era el Arcángel Miguel, la primera y única creación directa de Jehová (Dios). Por lo tanto, Jesús es el "Hijo de Dios", pero en un sentido de subordinación: Dios es el Padre y el jefe y Jesús es su principal súbdito y portavoz (la "Palabra").

Los testigos de Jehová sostienen que la palabra griega utilizada en los textos originales (stauros) se refiere simplemente a un poste vertical, madero de tormento o estaca recta, sin travesaño. Consideran que la cruz es un símbolo de origen pagano que la Iglesia adoptó siglos después. Además, no veneran el madero ni usan símbolos visuales en sus lugares de adoración (Salones del Reino).

No creen en una resurrección física. Sostienen que su cuerpo de carne y hueso fue disuelto o hecho desaparecer por Dios como el sacrificio definitivo.  Jesús resucitó como una criatura espiritual inmortal y poderosa (volviendo a ser el Arcángel Miguel en los cielos).

Fuera de estos dos bloques, existen otros movimientos masivos que redefinieron la figura de Jesús de formas muy específicas:

La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los ÚltimosDías (los mormones), rechazan el concepto de la Trinidad clásica.  Creen en la "Presidencia de la Iglesia en El Cielo", compuesta por tres personajes físicos e independientes: Dios el Padre (Elohim), Jesucristo (Jehová) y el Espíritu Santo.  Jesús es el hijo primogénito espiritual de Dios Padre.

Para los mormones, Jesús murió en una cruz, pero el centro de su sacrificio no está solo en la cruz, sino en el Huerto deGetsemaní, donde creen que Jesús comenzó a sudar sangre y a cargar con los pecados de la humanidad antes de ser ejecutado.

Los mormones creen que, tras su resurrección física en Jerusalén, Jesús visitó el continente americano para predicar a los pueblos indígenas precolombinos que descendían de tribus de Israel (un relato central del Libro de Mormón).

La Iglesia de la Unificación (los "moonies"), tienen un concepto particular de Jesús.  Ellos consideran que era un hombre perfecto, enviado para salvar a la humanidad.  Creen que la misión de Jesús fracasó parcialmente porque fue crucificado antes de poder casarse y formar una "familia perfecta libre de pecado".  Por lo tanto, consideran que su sacrificio en la cruz solo trajo una salvación espiritual, dejando la salvación física de la Tierra para un segundo mesías posterior (el fundador de su iglesia, Sun MyungMoon).

El fenómeno de tener visiones diametralmente opuestas sobre una misma persona responde a cómo los seres humanos procesamos la información, el carisma y la identidad colectiva.

Cuando una figura rompe el statu quo, no genera indiferencia; genera dos narrativas cerradas e incompatibles.  Para sus seguidores (los cristianos), Jesús es el Salvador, el amor encarnado y la solución a la condición humana. Para sus detractores contemporáneos (las autoridades del Sanedrín y el Imperio romano), era un agitador peligroso, un blasfemo o un rebelde que ponía en riesgo el orden público y la estabilidad de la nación.

¿Cómo Pudo Lucir Jesús de Nazaret?

Con las figuras contemporáneas como un personaje público, el debate sobre su aspecto físico simplemente no existe. Vivimos en la era de la hiperdocumentación: poseemos millones de fotografías en alta resolución, videos desde todos los ángulos imaginables, registros de audio y transmisiones en vivo. Sabemos exactamente cómo gesticula, el tono de su voz, la textura de su piel, el color exacto de su cabello y su estatura. La tecnología ha eliminado cualquier espacio para la imaginación; su fisonomía es un hecho documentado e incuestionable.

En el extremo opuesto se encuentra Jesús de Nazaret. Desde un punto de vista estrictamente histórico y tecnológico, es imposible saber cómo lucía con precisión milimétrica por una razón obvia: en el siglo I no existía la fotografía, el video ni el retrato realista en esa región del mundo. De hecho, los Evangelios no dedican ni una sola línea a describir su estatura, el color de sus ojos, la longitud de su cabello o sus rasgos faciales. Para la historia, su rostro original es un lienzo en blanco.

Las representaciones que conocemos hoy (el hombre de piel clara, ojos claros y cabello largo y castaño) no son registros históricos, sino interpretaciones artísticas europeas que se popularizaron siglos más tarde.

Sin embargo, que no tengamos una foto no significa que no podamos tener una idea muy aproximada. El camino para acercarnos a su verdadero rostro no es la imaginación, sino la antropología forense y la historia.

Para deducir cómo debió haber lucido Jesús, los científicos e historiadores se basan en criterios lógicos como su origen étnico y geográfico. Jesús era un hombre judío nacido en Judea en el siglo I. Por lo tanto, su fisonomía debió responder estrictamente a los rasgos anatómicos de la población semita de esa región y época concreta.

Tomando como referencia los restos óseos arqueológicos de la Palestina del siglo I, los antropólogos forenses determinan que el hombre promedio de esa zona tenía la piel morena (tostada por el sol del MedioOriente), ojos oscuros (marrones o negros) y cabello corto, rizado u ondulado, propio de los pueblos semíticos.

Jesús no pertenecía a la aristocracia ni vivía recluido; era un carpintero o constructor que caminaba largas distancias a la intemperie. Su aspecto físico debió ser el de un hombre de clase trabajadora de Galilea: manos curtidas y un rostro marcado por el clima de la región.

Mientras que del personaje contemporáneo tenemos un "espejo tecnológico" que nos da su imagen exacta, de Jesús tenemos un "espejo histórico" que nos obliga a mirar a su pueblo y a su tierra para descubrir, mediante la ciencia, los rasgos que la falta de cámaras nos ocultó.

 ¿Cuáles Eran los Postulados

de Jesús de Nazaret?

Así como el arte occidental blanqueó y europeizó el rostro semita de Jesús para adaptarlo a sus propios intereses culturales, la historia de la literatura bíblica demuestra que los textos también sufrieron un proceso de adaptación, traducción y, en muchos casos, reinterpretación política y teológica.

Si el rostro físico de Jesús se distorsionó, es muy lógico plantear que su mensaje original también pudo haber pasado por un filtro que alteró su esencia. El primer factor que abre la puerta a la distorsión es la brecha temporal y lingüística.

Jesús no hablaba ni pudo haber escrito en griego (el idioma del Nuevo Testamento). Él predicaba en arameo, una lengua vernácula e idiopática de la Galilea rural. Cuando sus palabras se tradujeron al griego décadas después, conceptos teológicos enteros cambiaron de matiz o se reformularon para que tuvieran sentido en el mundo grecorromano.

Los Evangelios no se escribieron al día siguiente de la crucifixión. Pasaron entre 40 y 70 años de transmisión puramente oral. En ese tránsito, las parábolas y dichos de Jesús se adaptaron a las necesidades eclesiásticas de las primeras comunidades cristianas, que ya estaban experimentando divisiones, presiones e intereses netamente políticos.

¿Un Jesús o Cuatro Diferentes?

Cuando se analiza el Nuevo Testamento con lupa, salta a la vista que los autores de los Evangelios no buscaban hacer una biografía exacta, sino defender una postura teológica particular. Esto genera contradicciones flagrantes en los relatos y en el carácter del propio Jesús.

En tal sentido nos topamos con un Jesús humano contra un Jesús divino. En el Evangelio de Marcos (el más antiguo), Jesús es un mesías muy humano, que sufre, se angustia y llega a gritar en la cruz: "Dios mío, ¿por qué me has abandonado?". Sin embargo, en el Evangelio de Juan (escrito mucho después), Jesús es un ser cósmico y soberano que tiene el control absoluto de su destino y cuyas últimas palabras son un triunfal: "Todo está cumplido".

En unos pasajes se le atribuye el mensaje de "poner la otra mejilla" y "amar a los enemigos", mientras que en otros (como en Mateo 10:34) se le hace decir: "No he venido a traer paz, sino espada". ¿Cuál era el postulado real del Jesús histórico y cuál fue una adición posterior para justificar las tensiones de la época?

Tenemos las cartas de Pablo, y ese es el núcleo de la gran metamorfosis del mensaje. Pablo nunca conoció al Jesús de carne y hueso; su experiencia fue puramente mística (en el camino a Damasco), lo que provocó un choque ideológico brutal con los discípulos originales de Jerusalén (como Santiago y Pedro). El mensaje de Jesús estaba centrado en el "Reino de Dios", la justicia social para los oprimidos, la reforma del judaísmo y la compasión hacia los marginados de Judea.

En cambio, Pablo desplazó el foco: ya no importaba tanto lo que Jesús predicó en vida, sino su muerte y resurrección mística. Pablo transformó un movimiento de reforma social y espiritual estrictamente judío en una religión universal (gentil), adaptada para no escandalizar a las autoridades del Imperio romano. Para muchos historiadores, Pablo puso en marcha una teología que el propio Jesús galileo difícilmente habría reconocido y mucho menos compartido.

La crítica textual ha demostrado que los copistas medievales y los primeros editores de la Iglesia añadieron, quitaron o modificaron versículos enteros para combatir "herejías" o para moldear el pensamiento de Jesús a la ortodoxia de turno.

Un ejemplo clarísimo es el famoso pasaje de la mujer adúltera y la frase "el que esté libre de pecado que tire la primera piedra" (Juan 8). Hoy los eruditos bíblicos saben con total certeza que esa historia no estaba en los manuscritos originales más antiguos; fue un relato popular insertado siglos después. Aunque el mensaje es bello y compasivo, técnicamente es una frase que el Jesús del texto original de Juan jamás debió haber pronunciado o, tal vez, ¡jamás pronunció!

Al igual que los pintores renacentistas tomaron la fisonomía de los modelos europeos para pintar a un Jesús que les resultara familiar, los primeros teólogos y escritores bíblicos tomaron la memoria de Jesús y la vistieron con las ropas de sus propias agendas teológicas, políticas y culturales.

La fisonomía de sus postulados sufrió la misma suerte que la de su rostro: ambos fueron rediseñados por el poder, los intereses y el paso del tiempo.

El Factor de La Traducción

 Luego tenemos el factor de la traducción que es, sin duda, el cincel que terminó de moldear (y en algunos casos, distorsionar) losdogmas religiosos del mundo occidental. En tal sentido, nos topamos con un “error de traducción tan monumental” que cambió el rumbo de la teología mariana y la concepción misma de la naturaleza de Jesús: ¡el famosísimo texto del profeta Isaías 7:14!

En el texto original en hebreo, Isaías escribió la palabra almah (עַלְמָה). En el hebreo bíblico, almah significa estrictamente "mujer joven en edad de merecer" o "muchacha en edad de casarse". No hace ninguna referencia a su estado biológico o sexual; una almah podía ser virgen o no, simplemente era una mujer joven. Si Isaías hubiera querido especificar que era virgen en el sentido sexual, habría usado una palabra hebrea sumamente específica para ello: betulah (בְּתוּלָה).

La traducción que lo cambió todo fue al griego. En el siglo III a.C., setenta sabios judíos tradujeron las escrituras hebreas al griego en la famosa versión conocida como La Septuaginta (o Biblia de los Setenta). Al llegar a Isaías 7:14, los traductores vertieron la palabra hebrea almah por la palabra griega parthenos (παρθένος). Aunque en el griego clásico parthenos a veces solo significaba "mujer soltera", con el tiempo adquirió el significado estricto de "virgen" (una mujer “inmaculada” que no ha tenido relaciones sexuales).

Siglos después, el autor del Evangelio de Mateo (que no leía el Antiguo Testamento en hebreo original, sino en la traducción griega de la Septuaginta) encontró el texto modificado. Buscando profecías que justificaran la grandeza de Jesús, Mateo citó la versión griega y escribió en Mateo 1:22-23: «Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo: He aquí, una virgen (parthenos) concebirá y dará a luz un hijo...».

Lo que en el original de Isaías era una profecía política local para su propia época (sobre una muchacha joven que iba a tener un hijo en tiempos del rey Acaz), terminó convirtiéndose, debido a una traducción defectuosa, en el pilar de un dogma biológico y divino: el nacimiento virginal.

¿Un error inocente o una "travesura deliberada”? La generalizada hipótesis sobre la intención de comparar a Jesús con figuras como Hércules (Heracles en griego) es sumamente aguda y compartida por muchos historiadores del mundo antiguo. Sobre todo, cuando partimos de la base de que, al final del camino, la historia de Jesús de Nazaret fue dirigida hacia los gentiles, los no-judíos y mayoritariamente de origen grecorromano, donde la figura de Hércules era venerada y respetada.

Pablo de Tarso fue el estratega de esta transformación, y sus razones mezclan el rechazo que sufrió, una audaz estrategia psicológica y una teología revolucionaria.

Para el pueblo de Israel, el mundo se dividía estrictamente en dos grupos: ellos (el pueblo elegido por Dios bajo la Ley de Moisés) y el resto del planeta. La palabra "gentil" proviene del latín gentilis (y esta del hebreo goyim y del griego éthne), que significa simplemente "las naciones" o "los extranjeros". En el siglo I, los gentiles eran todos aquellos que no eran judíos: griegos, romanos, sirios, egipcios, etc. Para la ortodoxia judía de la época, los gentiles eran considerados impuros, "paganos" que vivían al margen de las promesas de Dios.

Pablo no empezó predicándole a los extranjeros; su primera intención fue convencer a sus propios compatriotas. Sin embargo, tres factores clave lo hicieron cambiar de rumbo: el rechazo, la burla y la hostilidad de los judíos. Cada vez que Pablo entraba a una ciudad, su rutina era la misma: iba primero a la sinagoga local a predicar que Jesús era el Mesías. Pero la respuesta que obtenía casi siempre era el escepticismo, la burla o la violencia física. Los judíos no podían aceptar que el "Mesías" fuera un hombre crucificado (lo cual consideraban una maldición según su ley).

Llegó un punto de ruptura histórico en la ciudad de Antioquía de Pisidia. Al ver la cerrazón de sus paisanos, Pablo y Bernabé (este último mentor, protector y compañero de Pablo) pronunciaron una sentencia lapidaria que quedó registrada en Hechos 13:46: «Entonces Pablo y Bernabé, hablando con denuedo, dijeron: A vosotros a la verdad era necesario que se os hablase primero la palabra de Dios; mas puesto que la rechazáis, y no os juzgáis dignos de la vida eterna, he aquí, nos volvemos a los gentiles».

Lo mismo ocurrió más tarde en Corinto, donde ante los insultos de los judíos, Pablo se sacudió los vestidos y les dijo en Hechos 18:6: «Vuestra sangre sea sobre vuestra propia cabeza; yo, limpio; desde ahora me iré a los gentiles».

Esta es, quizás, la jugada más brillante y audaz de Pablo y la explica sin tapujos en su Epístola a los Romanos. Pablo amaba a su pueblo y le dolía profundamente que no creyeran en Jesús. Entonces, ideó una estrategia de psicología inversa: si lograba que los gentiles (los "excluidos") recibieran las bendiciones y los dones del Dios de Israel, los judíos sentirían celos y envidia y eso los haría reaccionar para reclamar lo que originalmente era suyo. «Digo, pues: ¿Han tropezado los judíos para que cayesen? En ninguna manera; pero por su transgresión vino la salvación a los gentiles, para provocarles a celos» (Romanos 11:11).

Y unos versículos más adelante, en Romanos 11:13-14, insiste en su provocación: «Porque a vosotros hablo, gentiles. Por cuanto yo soy apóstol a los gentiles, honro mi ministerio, por si en alguna manera pueda provocar a celos a los de mi sangre, y hacer salvos a algunos de ellos».

Para legitimarse ante los demás apóstoles (que miraban con recelo que se juntara con extranjeros), Pablo aseguró que el propio Jesús resucitado se lo había ordenado directamente en una visión camino a Damasco, nombrándolo el "Apóstol de los gentiles" (Gálatas 1:15-16).

Además, para demostrar que esto no era una ocurrencia suya, recurrió al Antiguo Testamento para justificar que Dios siempre había planeado salvar a las naciones exteriores. En la misma escena de Antioquía, Pablo cita al profeta Isaías para respaldar su giro hacia los paganos en Hechos13:47: «Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último de la tierra».

Este giro de Pablo fue el golpe maestro que desvinculó al cristianismo de sus raíces puramente hebreas. Al ver que en las sinagogas solo encontraba burlas y rechazo, Pablo abrió las puertas del templo a los gentiles, utilizándolos como un espejo para despertar los celos de su propio pueblo. Sin esa decisión táctica de Pablo, el mensaje de Jesús probablemente se habría quedado como una pequeña y olvidada reforma dentro del judaísmo del siglo I, en lugar de la fe global que conocemos hoy.

Regresando a la “comparación” entre Jesús y Hércules, en el contexto cultural donde nació el cristianismo (el Imperio romano helenizado), el concepto de un héroe o salvador nacido de una virgen o de la unión entre una divinidad y una mortal era el estándar de oro de la grandeza. Si se quería que el mundo grecorromano respetara al líder, su nacimiento no podía ser ordinario.

La mitología griega narraba que Zeus (el dios supremo) se encaprichó de la mortal Alcmena. Para poseerla, Zeus adoptó la fisonomía de su esposo (Anfitrión) y la dejó embarazada. De esa unión biológica "mortal-divina" nació Hércules, un semidiós dotado de fuerza sobrehumana y un destino trágico de salvación.

No solo Hércules; Alejandro Magno (hijo de Olimpia de Epiro y supuestamente del dios Zeus-Amón en forma de serpiente), el filósofo Platón (cuya madre se decía que concibió por obra del dios Apolo) y el mismísimo emperador Augusto tenían relatos de nacimientos divinos en su repertorio de propaganda política y religiosa.

Introducir el factor de la traducción da un cierre magistral. Demuestra que la figura de Jesús pasó por un doble filtro: un filtro estético (que blanqueó su fisonomía semita para el arte), y un filtro lingüístico/mitológico (que tradujo mal sus textos sagrados y absorbió las narrativas paganas del entorno).

Al final, para competir en el mercado de las ideas del Imperio romano y captar la atención de los gentiles, el relato de Jesús tuvo que vestirse con las mismas ropas mitológicas que hacían grandes a los héroes del mundo antiguo.

 El Jesús Histórico

 Para conocer al Jesús histórico tenemos que comenzar por el principio: el capítulo 1ro del Libro de Génesis del Pentateuco o La Torá. Tenemos que conocer el contexto histórico de los tiempos previos, durante y posteriores al paso de Jesús por la Tierra. Tenemos que conocer el judaísmo en todas sus facetas, así como el cristianismo en todas sus denominaciones.

Este libro tiene la misión didáctica sobre la teología judeocristiana y su historia como método para llegar al Jesús verdadero. Los lectores que terminen de leer todos los capítulos de esta obra comenzarán a entender a un Jesús tremendamente diferente al que las diversas narrativas han venido dibujando a través de los siglos.  Un Jesús que, de haber existido, jamás se hubiera imaginado que terminaría siendo “interpretado” y “utilizado” de la manera en que fue forjado por los diversos intereses y múltiples necesidades de quienes se llamaron y se llaman hoy cristianos.