¿Somos Religiosos?
¿Somos Religioso por Necesidad?
La inclinación humana hacia lo sagrado no es un accidente histórico ni un simple capricho de la ignorancia primitiva. Al mirar la historia con ojos de cirujano, nos topamos con una realidad ineludible: los seres humanos parecemos tener una gran necesidad intrínseca de creer.
No se trata únicamente de tragar mitos sin masticar, sino de una arquitectura psicológica, antropológica y sociológica mucho más compleja. Las personas tienden a buscar de forma natural y simple, un sentido que vaya más allá de lo puramente material y de lo inmediato. Esta urgencia por conectar con algo superior —ya sea Dios, el universo o una fuerza espiritual latente— es un hilo conductor común en casi todas las culturas que han pisado la Tierra. Es terriblemente difícil toparnos con “no-creyentes”. En el “mejor de los casos”, nos enfrentamos al individuo que nos asegura: “yo no creo en brujas… pero de que vuelan: ¡vuelan!”.
¿Quiénes éramos? ¿Por qué estamos aquí? ¿Qué nos espera después de la vida? ¿Reencarnaremos? ¿Existirá el infierno y el cielo… y el terrible purgatorio? ¿Nos reuniremos con nuestros seres queridos en “El Más Allá”? ¿Quién creó esta maravilla que apenas conocemos con el nombre de Universo? ¿Estamos solos en “La Creación”? ¿Venimos de vivir otras vidas? ¿Fuimos creados por extraterrestres?
Frente a lo inentendible y desconocido —el abismo de la muerte, el origen del cosmos, el misterio del sufrimiento— las religiones han emergido históricamente como las grandes fábricas de narrativas, diseñadas para integrar estas experiencias brutales en una visión coherente del mundo. A lo largo de los siglos, no pocos se han aprovechado de ellas, incluyendo a los creyentes: ¡pero han generado grandes sufrimientos generalizados a lo largo de la historia de la humanidad!
Como bien señalaba el sociólogo Rodney Stark, la religión responde directamente a esa necesidad humana de creer que la vida tiene un propósito; una convicción íntima que, en la mente del creyente, puede llegar a ser tan poderosa y real como cualquier evidencia empírica. No todos estamos dispuestos a aceptar que al morir se nos borra “el disco duro”, como se asegura en Eclesiastés 9:5: "Porque los que viven saben que han de morir; pero los muertos nada saben, ni tienen más paga; porque su memoria es puesta en olvido."
Pero la religión no es solo una idea abstracta; es
ritual, pertenencia, ética y cultura. Ha
sido el pegamento de la cohesión social y el vehículo para la transmisión de
valores compartidos. Los antropólogos han hallado rastros de prácticas
religiosas y enterramientos rituales que datan de hace más de 60,000 años, lo
que demuestra que la religiosidad es una marca de fábrica tan antigua como el
propio Homo sapiens. Los mitos dentro de estas estructuras no son
cuentos de hadas infantiles: son códigos simbólicos, formas de expresar
verdades psicológicas profundas que simplemente no pueden describirse con la
lógica fría o la ciencia. Tenemos una inclinación natural hacia la
trascendencia.
El Gran Collage Teológico
Los Antecedentes "Paganos"
• Tamuz en Babilonia y Adonis en Grecia – Deidades de la vegetación y la fertilidad cuya muerte trágica y posterior retorno a la vida marcaban el ciclo de la salvación de la Tierra.
• Mitra en Persia – Un dios nacido de una roca (en algunas versiones, un nacimiento milagroso atestiguado por pastores), asociado con la luz, que celebra una última cena con sus discípulos antes de ascender al cielo.
• Dioniso en la mitología griega – Un calco
formidable. Dioniso fue engendrado por el dios supremo (Zeus) en el vientre de
una doncella mortal llamada Sémele. Al igual que narra la mitología cristiana
milenios después en torno a cómo la doncella María fue fecundada por el
Espíritu Santo sin intervención de varón, la teología griega ya dominaba el
concepto de la deidad que introduce su semilla divina en una mujer terrestre
para dar a luz a un “salvador”.
Iconografía Reciclada
El Pez y La Cruz
Este plagio cultural no se limitó a las historias: ¡se grabó en los símbolos! El cristianismo primitivo no inventó sus insignias; las tomó del catálogo pagano disponible en los puertos del Mediterráneo.
• El Templo de Abidos y la Cruz Ansada – En Egipto, el Templo de Abidos resguarda los misterios de Osiris. El símbolo de la vida eterna por excelencia era el Anj o Cruz Ansada (la cruz con un lazo en la parte superior). Cuando el cristianismo llegó a Egipto, los cristianos coptos simplemente adoptaron la cruz ansada modificada, transformando un símbolo de poder faraónico y osiriano en la cruz de Cristo.
• Atargatis, Derceto y el Símbolo del Pez – El famoso pez cristiano (el Ictius), empleado por los cristianos primitivos en el siglo primero como salvoconducto secreto, tiene un árbol genealógico puramente pagano. Proviene en línea recta de la mitología fenicia y siria sobre Derceto (o Atargatis), una diosa de la fertilidad y la protección representada en forma de pez con cabeza, brazos y pecho de mujer. El pez era el símbolo de la matriz generadora de la diosa; la Iglesia simplemente lo pescó, le cambió el nombre y lo usó como acrónimo de Jesús.
El Molde Hebreo.
“El Maestro de Justicia” de Qumrán
Si la envoltura mítica y los símbolos del cristianismo vinieron del paganismo grecorromano y oriental, el esqueleto operativo y mesiánico se moldeó mucho más cerca de casa. Como en un principio el movimiento cristiano estaba dirigido exclusivamente a los judíos, los redactores de los evangelios le echaron mano a una figura teológica y profética que ya flotaba en el ambiente sectario de Judea: “El Maestro de Justicia”.
Esta figura es el eje central de varios de los Manuscritos del Mar Muerto, descubiertos en las cuevas de Qumrán y asociados con la comunidad ascética de los esenios. El Maestro de Justicia es descrito en estos pergaminos como un líder espiritual dotado de revelación divina, encargado de guiar a la comunidad "verdadera" en absoluta oposición a las estructuras corrompidas del Templo de Jerusalén, personificadas por el "Sacerdote Malvado". Su misión era interpretar la Ley y las Escrituras de una manera geométricamente "correcta" y preparar al pueblo para el fin de los tiempos.
Lo verdaderamente sísmico para la historia del cristianismo son las coordenadas temporales:
• ¿Cuándo vivió? – Las investigaciones y el análisis de textos como el Documento de Damasco ubican la actuación del "Maestro de Justicia" en el siglo II a.C. (aproximadamente entre el 197 y el 100 a.C.). Los textos narran que la secta pasó 20 años "buscando a ciegas" tras una crisis espiritual, hasta que Dios les levantó a este "Maestro". Los manuscritos fueron compuestos entre el siglo II a.C. y el siglo I d.C., reflejando los traumas históricos de las guerras hasmoneas, una serie de conflictos librados entre el 167 y el 37 a.C., que comenzaron como una exitosa rebelión religiosa y militar contra el Imperio seléucida para defender el judaísmo, pero eventualmente se convirtieron en un periodo de expansión territorial y sangrientas guerras civiles que culminaron con la conquista romana.
• ¿Quién era? – Su identidad exacta sigue siendo el Santo Grial (¡el gran misterio!) de los eruditos. Al no haber un consenso claro, las hipótesis varían ampliamente: algunos lo identifican con un sumo sacerdote legítimo de la línea de Sadoc (como Onías III, asesinado hacia el 171 a.C.), otros con un líder místico llamado “Judá el Esenio”, e incluso algunos proponen figuras más antiguas como Esdras.
Muchos historiadores y eruditos independientes asocian directamente el perfil, los sermones y el trágico destino de este “Maestro de Justicia” con el molde que se utilizó más tarde para diseñar al Jesús de Nazaret de los Evangelios. El problema es que el Maestro esenio apareció en la historia unos doscientos años ANTES del nacimiento de la era cristiana.
La prueba reina de este anacronismo y reciclaje literario se encuentra en los mismos rollos del Mar Muerto. A pesar de que una parte considerable de estos manuscritos fue copiada o escrita durante el siglo primero de nuestra era —en pleno apogeo cronológico de la supuesta vida de Jesús y los primeros apóstoles—, en ninguno de los miles de fragmentos de Qumrán se menciona jamás la existencia de Jesús de Nazaret. No hay rastro de su nombre, ni de su supuesta concepción divina en el vientre de una virgen, ni de sus milagros públicos, ni de su muerte en una cruz romana, ni de su resurrección al tercer día: ¡nada!
Para cuando los cristianos del siglo primero comenzaron a armar la historia de su Mesías, el boceto del famoso “maestro perseguido”, el profeta incomprendido que interpretaba la ley frente a los sacerdotes corruptos: ¡ya llevaba dos siglos escrito y guardado en vasijas de barro en mitad del desierto de Judea! ¿Sería ese misterioso “maestro” en quien se fundó la mitología del “Cristo Jesús”? ¡Difícil saberlo!
Las Creencias Religiosas
Construcciones Culturales
Las creencias religiosas y cosmovisiones son fundamentalmente construcciones culturales. El lugar donde nacemos y nos desarrollamos durante nuestros primeros años, moldea directamente nuestra fe, ya que absorbemos las tradiciones, nuestro acento al hablar, los modismos lingüísticos, los gustos culinarios, las normas sociales, la danza, la música, las costumbres, las creencias folklóricas y las explicaciones del mundo de nuestro entorno a través de la socialización primaria: de nuestro núcleo social.
Difícilmente un venezolano nacido en los Médanos de Coro, hubiera terminado abrazando el culto a Cibeles y Atis, que se practicaba en la Turquía antigua desde el año 204 a.C. hasta finales del siglo IV d.C. (alrededor del 390 d.C.), donde sus sacerdotes, llamados galos, entraban en un frenesí extático inducido por música salvaje de tambores y flautas, durante un trance en medio del cual se autocastraban públicamente con fragmentos de vasijas de cerámica para replicar el mito del dios Atis.
Ese venezolano posiblemente hubiera crecido en un hogar evangélico, en uno católico o en uno salpicado de sincretismo creyendo en MaríaLionza (cuyo nombre original según las leyendas varía entre Yara o María Alonso - posiblemente parienta lejana, muy lejana, de quien suscribe) una deidad central del espiritismo marialioncero, el movimiento espiritual y sincrético más popular y autóctono de Venezuela, a quien se venera como la diosa de la naturaleza, el amor, la paz y la armonía.
Con absoluta seguridad que un español de Galicia: ¡jamás hubiera emprendido una peregrinación a la Montaña de Sorte, donde se cree que habita el espíritu de la “princesa venezolana de los ojos verdes”, sobre la cual la inmensa mayoría de los habitantes del goblo terráqueo jamás han escuchado hablar.
Nuestras creencias estarían alineadas con los siguientes sistemas culturales según nuestra geografía:
• China – Nuestra visión del mundo estaría guiada por una mezcla de filosofías éticas y religiones tradicionales chinas, como el confucianismo, el taoísmo filosófico y el budismo. En la sociedad china, más que un credo dogmático, se practica el culto a los antepasados y la armonía con la naturaleza. Gran parte de la población se identifica como religiosamente no afiliada a ninguna institución formal, pero participa de estas tradiciones ancestrales.
• Rusia – Estaríamos inmersos en la tradición cristiana ortodoxa (el cristianismo ortodoxo ruso), que forma parte fundamental de la identidad nacional, la moral y la cultura del país.
• América – El continente está profundamente marcado por el cristianismo. En Norteamérica predomina una mezcla de protestantismo y catolicismo, mientras que en la América hispana la influencia del catolicismo es históricamente dominante, con un creciente aumento de las iglesias “cristianas evangélicas” (pentecostales).
• Asia (excluyendo China) – Es una región de gran diversidad. En India, nos educaríamos bajo los principios del hinduismo (con el sistema de karma y reencarnación). En países como Indonesia o Pakistán, el entorno social estaría guiado por el islam, y en países como Tailandia o Japón, creceríamos bajo las enseñanzas del budismo o el sintoísmo. Por cierto, ahora que tocamos al "hinduismo" aprovechamos para aclarar que no todos los indios de La India son hindúes. El hinduismo es una religión. Hay indios musulmanes, cristianos y hasta ateos. Muchos lectores seguramente cuando van a un restaurante indio (de la India) dicen que van a cenar o a almorzar "hindú", algo totalmente equivocado.
• África (Subsahariana) – La fe está muy arraigada y dominan dos corrientes principales. Nos criaríamos predominantemente bajo el cristianismo (en sus distintas ramas) o bajo el islam. Además, las religiones tradicionales africanas (creencias en espíritus ancestrales y fuerzas de la naturaleza) están muy integradas en la vida cotidiana.
• Zonas selváticas amazónicas – En estas comunidades indígenas, nuestra cosmovisión se basaría en creencias animistas y de tradición chamánica. Creceríamos entendiendo la naturaleza como un ser vivo sagrado, donde cada elemento (ríos, árboles, animales) posee un espíritu, y las prácticas rituales girarían en torno al chamanismo para curar y mantener el equilibrio ecológico: ¡y de ahí nadie nos sacaría!
Los Paradigmas
Romper un paradigma (un modelo, patrón, pensamiento, creencia o ejemplo que sirve de referencia para entender, explicar o actuar en una situación dada) es uno de los procesos psicológicos y culturales más difíciles para el ser humano porque las creencias no solo operan como información racional, sino como pilares de la identidad personal y colectiva. Cuando la evidencia “IRREVOCABLE” e “IRREBATIBLE” contradice un paradigma arraigado, el cerebro no la procesa de forma neutral; a menudo la rechaza automáticamente para evitar el malestar de lo que se conoce científicamente como “disonancia cognitiva”: “Tienes razón: ¡pero vas preso!”
Claro que debemos apartar de ese “grupo” a los sinvergüenzas que saben que están promulgando una falsedad absoluta, pero lo hacen porque esa falsedad les produce beneficios.
En el ámbito de la fe y de la historia, el fenómeno se intensifica. Los ejemplos que se mencionan ilustran perfectamente la siguiente barrera psicológica y cultural.
Las Barreras Psicológicas
ante la Evidencia
Disonancia cognitiva – Es la tensión o incomodidad psicológica que experimentamos cuando nuestras acciones, CREENCIAS o pensamientos entran en conflicto entre sí. Creemos en un líder, pero cuando ese líder "pone la torta": no sabemos qué hacer, ¡qué pensar o qué decir!
Cuando una persona confronta un dato que amenaza su sistema de creencias básico (por ejemplo, que la narrativa de su fe comparte estructuras con la mitología clásica), experimenta una tensión interna dolorosa. Para resolverla, la mente prefiere desacreditar la fuente y las evidencias e ignorar las pruebas, antes que reestructurar toda su visión del mundo. Sucede, muy comúnmente, cuando a unos de los dos cónyuges se le informa que está siendo víctima de un “popular” adulterio.
Estudiando teología, cuando todavía no existía la Internet, un colega decidió escribir un libro sobre el cristianismo y le pidió a su esposa que lo ayudara, puesto que toda la información la tenían que obtener de la Enciclopedia Británica, lo que suponía un impresionante y tedioso esfuerzo investigativo.
En su labor investigativa, su esposa se topó con la historia de la concepción, nacimiento, vida, muerte, resurrección y elevación al panteón de los dioses del personaje de la mitología griega que conocemos con el nombre de Hércules. Eso la asombró e impresionó inmensamente por la “escandalosa” similitud con la concepción, el nacimiento, la vida, muerte, resurrección y elevación a la diestra de Dios Padre del personaje bíblico que conocemos con el nombre de Jesús. Jamás se imaginó que se iba a topar con esa mitología.
Su esposa había nacido en una familia fundamentalista católica. Su padre era miembro activo del Opus Dei. Desde niña había estudiado en el mismo colegio católico de monjas y tenía la sagrada costumbre de asistir religiosamente a misa y de comulgar todos los domingos. Era extremadamente devota de “la virgencita”, como ella, cariñosamente, le llamaba (y le siguió llamando) a la supuesta madre de Jesús. Sin embargo, a pesar de su asombro, para nada cambió su percepción y su creencia en la virginidad de María y en la veracidad de la narrativa mitológica de la concepción, del nacimiento, de la vida, obra, misiones, muerte, resurrección y elevación a la diestra de Dios Padre del personaje bíblico que conocemos con el nombre de “Jesucristo”, quien nació en Nazaret de Galilea, pero que ella —la esposa de nuestro colega— continuó insistiendo en que había nacido en Belén: como dice la fábula que nació el reyDavid, un personaje mitológico producto de la malsana y retorcida imaginación del recordado “rey” (más bien “cacique”) Josías.
Ese relato es un ejemplo real, humano y perfecto de cómo operan las barreras psicológicas que describimos arriba en este bloque. Desde el punto de vista de la psicología cognitiva y la sociología de la religión, la reacción de la esposa de nuestro colega es un caso de estudio fascinante sobre la resiliencia de los paradigmas mentales.
Luego conocimos de un pariente cercano que le tenía gran fe al Vicks VapoRub, un ungüento tópico de venta libre muy conocido que se utiliza principalmente para aliviar los síntomas de la congestión nasal y la tos causadas por el resfriado común o la gripe, pero que, sin embargo: no cura la enfermedad ni combate los virus, aunque ayuda a que nos sintamos más cómodos mientras el cuerpo se recupera.
Según el pariente, él –como muchos– usaba el ungüento para PREVENIR la gripe, lo que obligó a Procter & Gamble a lanzar una “campaña explicativa” aclarando que el ungüento no prevenía ni curaba la gripe. Sin embargo, nuestro pariente –a pesar de haber leído la advertencia del fabricante– lo siguió utilizando a modo de prevención. Le tenía temor a la gripe y el VapoRub le daba esperanzas de no sufrirla.
La gente es dada a creencias increíbles. A finales de la década de los sesenta (1967), la misma empresa de VapoRub – Procter & Gamble – en su centro de tecnología europeo, creó un jabón para lavar ropa llamado “Ariel”. Comenzando la década de los setenta los fabricantes y distribuidores entraron en la América hispana con el comercial o “cuña” del “Chaca-Chaca”, donde decían que utilizar Ariel en un contenedor donde se lavaría la ropa, se convertía el cubo o tobo en una lavadora que hacía “chaca-chaca”, que se movía como una lavadora de ropas (Video 016).
Fueron tantas las amas de casa decepcionadas porque sus tobos o cubos no hacían “chaca-chaca” con Ariel, que Procter & Gable tuvo que gastar una millonada explicando que Ariel no convertía los tobos o cubos en un aparato que se movía al ritmo de “chaca-chaca”: ¡algo increíble!
Estudiando comunicación social en la Universidad de Aberdeen, en Escocia, nuestro profesor nos dijo, para probar la credibilidad de las figuras populares, que si un popular “comunicador”, como un artista de cine o de televisión, salía un buen día recomendando a su audiencia el suicidio, sin explicar por qué: ¡no pocos se suicidarían!
El análisis de aquellas interesantes vivencias nos dejó
varias lecciones clave sobre la mente humana y nos motivó a preguntarnos si
algo no andaba mal con nuestras propias creencias.
La Compartimentación Mental
(Cajones Separados)
La mente humana tiene la asombrosa capacidad de compartimentar. La esposa de nuestro colega pudo procesar la información de la Enciclopedia Británica como un "dato académico o mitológico" válido, pero lo guardó en un cajón mental completamente aislado de su fe personal. Al hacer esto, su mente evitó que la información chocara entre sí, anulando la disonancia cognitiva. Para ella, Hércules era un dato de enciclopedia: ¡Jesús era una realidad espiritual viva! Una vivencia que ella había experimentado muchas veces. Su mente decidió no mezclar la gimnasia con la magnesia. Cumplió ella con entregarle a su marido la información requerida y siguió ella creyendo en la mitología cristiana que la había signado a ella desde su infancia y que la unía a su familia y a su entorno social, evitando así mayores perturbaciones psíquicas.
La Fe es un Ancla de Identidad:
¡no un Debate Académico!
El relato de la esposa de nuestro colega describe a una mujer cuya vida entera (familia, colegio de monjas, hábitos dominicales) estaba construida alrededor del catolicismo. Pedirle que cambiara sus creencias por tan solo leer un paralelismo mitológico habría significado demoler su propia identidad, su pasado y sus vínculos afectivos. La mente prefiere la seguridad de la tradición al vacío que genera perder una verdad absoluta. Eso no significaba, para nada, que se alejara de sus principio religiosos y morales a la hora de pecar, porque el pecar está dentro de un compartimiento aparte. Pero preservaba la seguridad de sus creencias.
El Sesgo de Confirmación
y las Geografías (Belén vs. Nazaret)
Según el Dr. Tegler, el detalle en cuanto a que ella insistiera en que Jesús nació en Belén, "¡como el rey David!", es brillante. Ilustra cómo el cerebro humano da prioridad a la narrativa teológica sobre el dato geográfico o histórico. En los evangelios de Mateo y Lucas, el nacimiento en Belén es crucial para ligar a Jesús con el linaje mesiánico de David, un personaje, por demás. ¡mitológico! Para la fe de aquella mujer (la esposa de nuestro colega), la necesidad teológica de que el Jesús bíblico naciera en Belén superaba cualquier análisis racional sobre su nacimiento y crianza en Nazaret. El mito (en el sentido antropológico de la historia sagrada) siempre pesa más que el dato: ¡que la evidencia!
La Paradoja de
la Investigación Previa a Internet
El hecho de que esto ocurriera en la era preinternet añade un valor enorme. Hoy en día (2026 d.C.), el algoritmo nos encierra en burbujas de pensamiento. En aquel entonces, ella se topó con la evidencia pura y dura de una fuente secular e irrefutable como la Enciclopedia Británica, mediante un esfuerzo físico. Eso demuestra que el problema del rechazo a la evidencia no era la falta de acceso a la información: sino los mecanismos de defensa de su cerebro.
En resumen, la historia de la esposa de nuestro colega demuestra que la fe no es un problema de lógica de primer grado. Ninguna cantidad de datos, por más tediosa o rigurosa que sea su recolección, puede competir con una creencia que ha sido reforzada diariamente a través del afecto, la comunidad y el hábito desde la infancia.
• El sesgo de confirmación – Las personas buscan, interpretan y recuerdan la información de manera que confirme sus ideas preexistentes. Un creyente verá la historia de Jesús como un hecho histórico único y las historias de Hércules o Dionisio como "fábulas paganas" o copias de la verdad, sin admitir el paralelismo estructural.
• Identidad y pertenencia – Abandonar un paradigma religioso o cultural suele implicar costos sociales altos: la pérdida de pertenencia a un grupo, el cuestionamiento de los valores familiares y la crisis existencial de perder la "verdad absoluta": ¡si no que le pregunten a Baruch Spinoza!
El Caso de los
Paralelismos Mitológicos
Pretender que un entorno dogmático acepte las similitudes entre las concepciones divinas del mundo grecorromano y el judeocristiano choca con la barrera de la excepcionalidad teológica. El análisis comparativo muestra los siguientes puentes que el paradigma tradicional suele rechazar.
Hércules y Jesús:
Un Dios padre y una Madre Mortal
• El paradigma tradicional – Sostiene que la concepción de Jesús es un evento histórico, espiritual, puro y único en la historia de la humanidad, obrado por el Espíritu Santo en una virgen. Si parece difícil de digerir, ahí están los “dogmas”.
• El paralelismo mitológico – Al igual que Jesús, Hércules (Heracles) es hijo de una mujer mortal (Alcmena) y del dios supremo (Zeus). La estructura narrativa es idéntica en su propósito cultural: legitimar la autoridad y la naturaleza sobrehumana del héroe a través de una genealogía divina. Para el defensor del paradigma, equipararlos devalúa la santidad de la figura del Jesús bíblico. Una cosa es “el cuento” de Hércules y otra, muy distinta: ¡la “realidad histórica” de Jesús: ¡Nuestro Señor! Una vez más: ¡no liguemos la gimnasia con la magnesia! Una cosa es con guitarra: ¡y otra es con violín!
Dionisio y Jesús
El Nacimiento Virginal y la Renovación
• El paradigma tradicional – Defiende el nacimiento virginal de María (detallado en Mateo y Lucas) como un milagro profetizado e inigualable.
• El paralelismo mitológico – En varias tradiciones de la mitología griega, Dionisio es hijo de la mortal Sémele y de Zeus. En algunas variantes del mito (como el relato órfico), tras ser destruido, renace a través de una virgen (o la misma Sémele es fecundada de forma divina). Ambos personajes comparten, además, el simbolismo del vino, la muerte y la resurrección. Nota. Todo esto es ampliamente comprobable en los medios sociales. No se trata de un invento nuestro.
¿Por qué la evidencia resulta insuficiente?
Para un historiador o un mitólogo comparativo, las similitudes son herramientas científicas que demuestran cómo las culturas mediterráneas compartían un lenguaje mitológico común para explicar lo sagrado. Sin embargo, para el creyente, la fe no es un objeto de estudio: ¡es una verdad ontológica!
Cuando se presentan estas pruebas, el paradigma tradicional activa mecanismos de defensa teológicos, argumentando que las similitudes son simples coincidencias, o que los mitos paganos eran "prefiguraciones" o "imitaciones anticipadas" que el demonio creó para confundir a la humanidad (un argumento utilizado desde el siglo II por padres de la Iglesia como Justino Mártir). El paradigma no se rompe con datos porque no se construyó con datos, sino con significados y emociones.

