Querida Hermana


Hoy se cumplen 6 años que, gracias a ti, no vemos a nuestros adorados nietos.  Gracias a ti y a tus indiscreciones.



“La Mala Hija” (LMH) nació un 13 de septiembre de 1976.  Fue la primera hija de su familia inmediata y la primera nieta de las familias de sus abuelos. Nació en opulencia en una suite privada y de lujo de la mejor clínica de su ciudad natal.

Fue una niña extremadamente consentida y querida.  Su siguiente hermano nació el 9 de enero de 1979.  Años más tarde nacerían dos hermanos más.  Uno el 24 de marzo de 1992 y el último el 3 de enero de 1994: todos en la misma ciudad y en la misma clínica.

La infancia de LMH fue felizmente normal.  Rodeada de atención y cariño, a pesar de que desde muy niña mostró su carácter arisco y distante. Desde su infancia comenzó a mostrar problemas de obesidad, una condición que heredó de ambas partes de su familia, especialmente de parte de su familia paterna.  Esa condición le fue creando un terrible complejo.  Su familia hizo lo imposible por combatir su obesidad.  Su abuelo paterno, incluso, la envió a un camping en Estados Unidos especial para adolescentes obesos y le prometió que, si perdía una X cantidad de peso, le regalaría su primer carro, promesa que cumplió con un bello jeep rojo que tuvo hasta que decidió venderlo.

LMH estudió en uno de los mejores colegios de su ciudad natal y tuvo una educación católica.  Al igual que el hermano que había nacido en 1979, disfrutó de muchas vacaciones y de viajes internacionales.  Casi todos los fines de semanas la pasaba con sus padres en un club de playa, cuya acción le pertenecía a su abuelo materno.  LMH, al igual que su primer hermano (el que nació en 1979), disfrutaron de muchos beneficios materiales y AMBOS tuvieron la debida atención por parte de sus padres y abuelos.  Jamás se le castigó físicamente.   Su normal infancia no justificó su condición de hija, mujer y persona indeseable.

El primer indicio de malignidad se pudo haber atribuido a una “travesura juvenil” cuando en su adolescencia fue enviada al mercado con un cheque de su padre firmado en blanco.  Hizo la compra y cobró el cheque por un monto superior.  Por supuesto que fue descubierta de inmediato y debidamente amonestada.

A diferencia de la mayoría de las adolescentes, LMH no tuvo relaciones afectivas con muchachos, sin embargo, eso cambiaría – radicalmente – a medida que iba creciendo en la adolescencia.  Entrando en su incipiente edad adulta, decidió mudarse de su hogar ubicado en una finca a pocos kilómetros de la ciudad capital, alegando que le quedaba muy lejos de todo.

En una primera instancia se mudó al centro de la ciudad en casa de su abuela materna.  Luego se mudaría a la casa de uno de sus primeros amantes, con quien hacía vida marital.  Estando viviendo con ese amante, con quien más adelante se encontraría ya estando ella casada, vendió el jeep que le había regalado su abuelo paterno y el dinero se lo dio a su “suegra”, es decir: a la madre de su entonces-amante, quien lo necesitaba como parte del capital para abrir un laboratorio: dinero que jamás le regresó a LMH.

Sus relaciones con su primer hermano se comenzaron a deteriorar profundamente al punto de sufrir un terrible y peligroso incidente que pudo haber terminado con su salud, e incluso: ¡con su vida!  En una discusión que tuvo con él, su hermano la encerró en el cuarto que habitaba en casa de su abuela materna y le echó insecticida para cucarachas, producto altamente alérgico para LMH, quien tuvo que pedir auxilio asomándose a la ventana del cuarto que daba a la calle.

LMH, al parecer, le tenía muchos celos a su primer hermano.  Cuando sus padres se mudaron a la finca, sortearon los cuartos que le tocaría a cada hermano.  A LMH le tocó el menos bueno y desde entonces comenzó a mostrarse contrariada e “infeliz” en el hogar de sus padres.

Al graduarse de bachillerato sus padres la inscribieron en la universidad y le daban el dinero mensual para que pagara sus estudios, sin embargo, LMH ni estudiaba ni pagaba su universidad.  En lugar de estudiar, utilizaba el dinero de la universidad para fiestas y “otras cosas”.  Según su primer hermano denunció muchos años después, LMH consumía drogas, algo que sus padres nunca pudieron comprobar.

Una vez que LMH se fue de su hogar, siendo todavía una adolescente: ¡jamás regresó a él! 

El país se fue deteriorando y su padre se implicó en un movimiento que luchaba por su libertad.  La madre y hermanos menores de LMH tuvieron que abandonar el país.  Su madre tenía un carro que le había regalado el abuelo materno de LMH, que al salir del país se lo dejó.

Con las semanas, su padre tuvo que huir del país para evitar su captura, tortura: ¡Y POSIBLE MUERTE!  Como supuestamente el carro de su padre estaba fichado en los archivos del régimen, necesitaba escaparse con un vehículo “limpio” que la dictadura no conociera.  Cuando su padre le pidió el carro que su madre le había dejado al abandonar el país, LMH se negó rotundamente, prefiriendo el carro antes que la vida de su padre, de quien no tenía ninguna queja y quien, además de la vida, le había dado todo el cariño, cuido y la atención debida.

Felizmente su padre pudo escapar de ser capturado gracias a una tercera persona que no tenía nexos familiares con él, quien le proporcionó su carro.

Con el tiempo LMH cambió de amante y al final se unió en relación marital con el hermano de su mejor amiga de la infancia.  Comenzando esa unión y antes de que comenzara a vivir maritalmente con él, LMH decidió vivir un tiempo con su anciana abuela paterna de 76 años, en un pueblo turístico a hora y media de la ciudad capital.

Un día LMH tomó sin permiso el carro de su abuela, lo chocó y cuando fue amonestada, LMH montó en cólera y comenzó a pegarle a su anciana e indefensa abuela con un gancho de ropa de metal.  Su entonces-pareja tuvo que irla a buscar y nieta y abuela dejaron de verse para siempre.  Más de treinta años más tarde, su abuela paterna murió sin que volvieran a tener algún tipo de relación.   Tanto su abuela como su única tía le dejaron de tratar durante más de 30 años.

A raíz de la negativa de LMH de darle el carro a su padre para que éste pudiera evadir la captura, las relaciones padre-hija se enfriaron: ¡como es lógico!  LMH decidió estudiar en la universidad y en esa oportunidad fue su abuelo paterno quien le pagó los estudios.

Luego de un tiempo viviendo maritalmente con su el hermano de la mejor amiga de la infancia, LMH buscó salir embarazada y la relación culminó en “matrimonio-forzado”.  Ya sus padres estaban en el exilio.

Su ahora esposo había trabajado un tiempo con el padre de LMH, relación que no prosperó por la irresponsabilidad mostrada por el yerno.  Luego su esposo se asoció con un individuo llamado “El Gallego”, que tenía negocios con el régimen tiránico de su país.

LMH dio a luz a su primer hijo y al poco tiempo de dar a luz, su esposo se fue con otra mujer.  El tío de LMH, quien era abogado, se ofreció para divorciarla, pero al final se produjo una “reconciliación” y siguieron juntos.

Al año de haber dado a luz su primer hijo, LMH viajó al país donde estaban exiliados sus padres.  El pasaje y la estadía fueron costeados por sus padres.  Luego de 15 días, LMH y su primer hijo regresaron a su país.

Poco después del regreso, la abuela materna de LMH falleció y su abuelo materno se fue a vivir con ella, con su esposo y con su único hijo de entonces.  El abuelo vendió su apartamento y una cabaña que tenía en el exclusivo club de playa.  De ese dinero su mamá no vio un solo centavo.  Todo fue “administrado” por LMH y por su esposo, a quien llamaremos por el remoquete de “El Delincuente”.

 

Con el tiempo El Delincuente rompió sus relaciones comerciales con “El Gallego” y decidieron irse al “exilio” con los padres de LMH.

El viaje al exilio de LMH y de su único hijo fue pagado, TOTALMENTE, por su padre.  Poco después llegó El Delincuente y LMH, su esposo e hijo (a quien llamaremos “El Nieto”, quien nació el 4 de noviembre de 2005) se instalaron en el pequeño apartamento de sus padres.  Para entonces ya LMH tenía más de 6 meses de embarazo de lo que sería su primera hija (a quien llamaremos “La Nieta”, quien nació el 6 de octubre de 2010).

Al cabo de los meses, LMH y su familia (ella, su esposo, su hijo e hija recién nacida) se mudaron para un apartamento a pocas millas del hogar de sus padres.

A pesar de que ambos consiguieron buenos trabajos, se endeudaron más allá de lo aconsejable y un buen día vinieron a quitarles todos sus muebles.  Fue el padre de LMH – quien trabajaba no menos de 12 horas diarias de lunes a lunes como taxista – quien salió en ayuda para que no le embargaran los muebles.

Durante todo el tiempo los padres de LMH se daban largos viajes para atender a sus dos nietos, llevarlos al colegio, buscarlos del colegio, llevarlos a los médicos, etc.  Todos los años sus padres compraban los uniformes y los libros requeridos por ambos nietos.  Los padres de LMH eran los abuelos perfectos.   Los fines de semanas, nietos y abuelos hacían programas.  Los nietos aprendieron a manejar en el carrito de golf del abuelo incluso en 2018 llegaron a vacacionar fuera del estado.    Abuelos y nietos tuvieron una relación estupenda hasta el 23 de agosto de 2020, fecha en que abuelos y nietos se dejaron de ver.  Todo eso está debidamente archivado en la videoteca de El Abuelo.

En 2015 el padre de LMH heredó de su padre (del abuelo paterno de LHM) y uno de los bancos se negó rotundamente a cumplir las instrucciones del abuelo paterno de LMH, evento que se explicó con lujos de detalles en un pequeño libro como éste y con un video captado en la conversación con el banco que se negó a cumplir las instrucciones del abuelo de LMH.

En 2016 El Delincuente le pidió prestado a su suegro $ 5,000, supuestamente para pagar la nómina de sus empleados.  Ese dinero lo regresó El Delincuente a su debido tiempo, pero semanas más tarde volvió a pedirle al suegro otros $ 5,000: ¡que jamás le regresó!  Luego su suegro se enteró que ya para cuando El Delincuente le había pedido dinero prestado a su suegro: ¡no tenía empleados!  Había roto su sociedad con su socio en una compañía de reparaciones de viviendas.  Su socio le dijo al suegro que El Delincuente le debía dinero a todo el mundo.

Poco después, alrededor de 2017, LMH y El Delincuente se separaron. El padre de LMH, una vez más, corrió en su auxilio para evitar que ella, sus dos hijos y hasta un perro que su padre le había regalado: ¡pasaran hambre debajo de un puente!

El Delincuente no le pasaba UN SOLO DÓLAR a LMH y a sus hijos: ¡NI UN SOLO DÓLAR!  LMH no tenía dónde vivir con sus dos hijos y el perro, así que su padre los instaló en una casita que había comprado para alquilarla.  Ahí estuvieron varios meses hasta que lograron estabilizarse y mudarse a una casa que el padre de LMH reparó y repotenció.

La LMH se pudo divorciar de El Delincuente gracias a que su padre le pagó el abogado.  Inicialmente el abogado cobraría $ 3,000, pero luego lo subiría a $ 12,000 y si el juicio no terminaba bien: ¡a $ 30,000!  Cuando LMH se enteró de que sus padres habían ido a hablar con el abogado para que les explicara por qué subió de $ 3,000 a $ 12,000 y luego, posiblemente, a $ 30,000: ¡montó en cólera y se enemistó, especialmente, con su padre!  Tanto la madre como el padre de LMH fueron a hablar con el abogado, pero LMH culpó – ¡ÚNICAMENTE! – a su padre.

Los padres de LMH siguieron viendo a los nietos: ¡mas no a LHM!  Luego vendría el rompimiento total que dejaría a los padres sin su hija, a la hija sin sus padres, a los abuelos sin sus nietos: ¡y a los nietos sin sus abuelos!

La LHM abrió un “canal” en YouTube que NO LO VEÍA NI ELLA MISMA.  Para – supuestamente – levantar los suscriptores de ese “canal”, a la LMH se le ocurrió hacer las paces con su tía, con quien hacía más de 30 años que no tenía relación alguna, con la finalidad de entrevistarla.  La entrevista no llegó a ser vista, siquiera, por unas 40 “videntes”… incluyendo las veces que la propia LMH la vio y la vieron sus padres.

A los pocos días de esa entrevista, en agosto de 2020, le mandaron al padre de LMH un video en el que su tía era entrevistad por un connotado periodista, en el que su tía, en un escenario de total indiscreción, aseguró que ella (LMH) sabía muy bien quién era su padre… el mismo que la había auxiliado durante su “exilio”.  El mismo que había evitado que ella, sus hijos y su perro pasaran hambre.  El mismo que les dio un techo debajo del cual dormir cuando fueron TOTAL, MISERABLE Y ABSOLUTAMENTE abandonados por El Delincuente.  El mismo que evitó que le quitaran todos sus muebles.  El mismo que la llevó a su exilio junto a su primer hijo.  El mismo que junto a su madre, atendió a sus hijos, los llevaban y buscaban al y del colegio, los llevaban al médico, pasaban caso todos los fines de semanas con ellos… los llevaban a vacacionar.

Eso ya fue suficiente para su padre.  Desde entonces LMH y sus dos hijos perdieron todo contacto con sus padres.

Nota final: Esta publicación tiene como finalidad ser entregada a los hijos de LMH (y sus posibles descendientes) una vez que El Abuelo muera, para que los nietos (y sus posibles descendientes) sepan por qué fueron “abandonados”.

Davie, febrero 19, 2026





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